Archivo del sitio

Apuntes sobre la Revolución Cubana.

Historia en Letras.

Apuntes sobre la Revolución Cubana

Por Carlos Alberto Sánchez Villegas *

“El abanderado”, de Raúl Martínez, 1970

“El abanderado”, de Raúl Martínez, 1970

ESTIMADO LECTOR como cada enero de cada año recordamos un aniversario más de la Revolución Cubana, uno de los sucesos más relevantes para América Latina y el resto del mundo. A partir de entonces Cuba se convertiría en uno de los únicos estados socialistas en América, y en el más cercano a Estados Unidos. La pequeña isla sería pieza importante dentro de los hechos de la Guerra Fría, y sobre todo la Revolución traería una transformación importante para la sociedad cubana.

EL NOMBRE de Fidel Castro saltó a la luz el 26 de junio de 1953 con el intento de asalto al cuartel de Moncada, donde fue capturado y puesto en prisión junto con colaboradores y su hermano Raúl. Anteriormente Castro ya había escrito en contra del gobierno de Fulgencio Batista considerándolo ilegal e improcedente, pero no fue hasta el asalto de Moncada donde la mayoría de la sociedad cubana lo conoció plenamente.

PARA ENTENDER mejor los sucesos que se desarrollaron en los años 1953-58, debemos conocer un poco más sobre quién fue Fulgencio Batista; normalmente sólo lo conocemos entre líneas como el dictador al que Castro derrocó, pero no sabemos un poco más de él. Batista fue uno de los principales generales y protagonista de la Revolución de 1933 que terminó con el gobierno de Carlos Céspedes. A partir de entonces fue una figura política de mayor importancia en la isla y fungió como primer presidente constitucional (1940-1944) tras la declaración de la Constitución de 1940. Batista gozaba de un gran prestigio en el ejército y fue él quien introdujo las reformas más importantes dentro del mismo. A su llegada al poder en la década de 1950, tenía una gran aceptación por parte de varios sectores de la población cubana. (1)

OTRO REFERENTE importante fueron las elecciones presidenciales de 1952, donde el candidato favorito Eduardo Chibás, del Partido Ortodoxo, se suicidó en medio de la campaña presidencial dejando un ambiente de expectación; dentro de las mismas elecciones Batista figuraba como uno de los candidatos, aunque no con muchas posibilidades de ganar, así como Castro era seguidor de Chibás. Al ver que no tenía opciones de llegar a la presidencia por la vía electoral, Batista organizó desde el seno del ejército un golpe de estado contra el presidente en funciones, Carlos Prío Socarrás, el 10 de marzo de 1952.

AL PRINCIPIO la sociedad cubana reaccionó con calma a la llegada de Batista al poder, pero poco a poco varios personajes levantaron la voz en su contra por considerar ilegal su gobierno, entre ellos, como ya lo mencionamos, se encontraba Fidel Castro, que comenzó a escribir en diversos diarios en contra de la dictadura. Con el gobierno de Batista también se dio una mayor relación con los Estados Unidos ya que éste se adueñó de varios sectores industriales y casi toda la producción agrícola de la isla se destinó a Norteamérica.

A PARTIR del asalto de Moncada el movimiento encabezado por Castro se le conoció como “Movimiento 26 de junio”. Es el 2 de diciembre de 1956 cuando Castro zarpa de México junto con 82 miembros de este movimiento para iniciar la Revolución que acabaría por derrocar a Batista en enero de 1958. Estos hechos pondrían a la sociedad cubana en una intensa actividad política entre los que apoyaban el derrocamiento de Batista por la vía armada y los que pensaban que el camino era por la vía pacífica y legal.

ES IMPORTANTE observar que tanto Castro y Batista ponían como base de su ideología política la Revolución de 1933, ambos recurrían a ella para fundamentar sus acciones y sus planes. Castro consideraba que Batista había traicionado esta primer Revolución, por su parte Batista se presentaba como el protector de está. Batista huyó primero a República Dominicana tras su derrocamiento, después se trasladó a Portugal y España, donde murió en el año de 1973.

POR SU parte Fidel Castro llegó al poder en Cuba iniciando un proceso de trasformación en su población, un proceso que aún podemos observar en el presente. La instauración del socialismo en Cuba fue en su momento estigmatizado por Estados Unidos y presentado ante la comunidad internacional como una aberración, sin embargo, hoy en día podemos ver la Revolución Cubana no como algo malo sino como un agente de transformación, un factor de identidad para los cubanos y su sociedad.

Nota

  1. Rojas, Rafael, Historia mínima de la Revolución Cubana, El Colegio de México, 2015, p.25.

* Historiador, escritor y columnista. Egresado de la Universidad Autónoma de Aguascalientes.

Anuncios

El hombre del tiempo.

Entre Letras.

Por Carlos Alberto Sánchez Villegas.

Hombre y reloj, Federico Sequeira

Hombre y reloj, Federico Sequeira

Para Sofía Flores en un primer año juntos.

“La vida está llena de miseria, soledad y sufrimiento;
Y todo termina demasiado pronto”
-Woody Allen

MIENTRAS CAMINABA bajo los intensos rayos del Sol su reloj de bolsillo marcaba las tres, una hora muy inusual para estar fuera del hogar, más en el caso de él que vivía exiliado del mundo en su propia soledad. Pero que más podía hacer si necesitaba sus estampillas, sin ellas no podría mandar más cartas en tiempo y forma. Aunque el Sol generaba calor ya se sentían los primeros vientos helados que presagiaban un invierno temprano.

LA NAVIDAD y el final de año siempre representan fechas de unidad familiar, pero para él representaban fechas muy tristes y solitarias, llevaba cerca de 10 inviernos sin ver a alguno de sus hijos. Tenía tres y ninguno de ellos lo visitaba o llamaba, y mucho menos escribía. Tan solo tenía de ellos viejas direcciones en otras ciudades de las cuales no podía confirmar si sus hijos seguían viviendo ahí, ni siquiera un número telefónico dejaron tras su abandono.

EN LA SOLEDAD de su casa se sentaba y meditaba sobre su presente, él entendía que era la ley de la vida que los hijos tenían que irse algún día de casa, pero no comprendía porque sus hijos habían tomado esta ley tan en serio y lo habían dejado totalmente en el olvido, en la oscuridad. Económicamente no los necesitaba él podía valerse por sí mismo como lo había hecho toda su vida, pero el dolor de su ausencia le pesaba enormemente. Más en la época de navidad cuando todas las familias están unidas, había perdido a su esposa tan solo catorce años atrás y desde entonces sus hijos se fueron alejando cada vez más de él hasta que perdieron totalmente el contacto.

EL RELOJ de cuerda marcaba el paso en la habitación mientras él sacaba bolígrafo y papel para redactar como todos los días cartas para cada uno de sus hijos, en aquellos escritos no había reproche alguno, solo eran para reportar cada uno de los pormenores de su vida solitaria, para anunciarles el amor que sentía por ellos y la gran tristeza que sentía por no verlos. Como era costumbre las cartas se iban, pero nunca regresaba respuesta de ninguno de los tres destinatarios.

UNA VEZ terminado el ritual de las tardes de escritura, el viejo preparaba su taza de café para sentarse fuera de la puerta de su casa y observar la vida cotidiana de su barrio. El jugueteo de los niños, sus risas, su andar. A veces se preguntaba si él tenía nietos, cuantos años tendrían, como serían, tal vez un día lejano antes de su fin podría conocerlos.

LOS MINUTOS seguían muriendo en el reloj del viejo, mientras él comenzaba ahora el ritual de dormir, de pensar en sus hijos, de soñar con un rencuentro. Quién puede imaginar su dolor cuando lo ven con su caminar lento hacia el servicio postal a depositar sus cartas diarias, quién puede imaginar siquiera la soledad de un viejo y el dolor que genera el paso del segundero sobre aquellos minutos y horas.

* Historiador, escritor y columnista. Egresado de la Universidad Autónoma de Aguascalientes

La estrella en el horizonte.

Narrativa de una sola mirada.

La estrella en el horizonte.

Para mi estrella, Sofía Flores.

Por: Carlos Alberto Sánchez Villegas *

En el horizonte brillaba la estrella más grande que la pequeña niña había visto alguna vez. Cada noche una pequeña fijaba su mirada en el cielo para contemplar el firmamento.

Te cumpliré un deseo niña de ojos cafes, le susurro la estrella al oído.

No tengo grandes sueños, dijo la niña, lo único que anhelo es que las estrellas nunca dejen de brillar en mi horizonte.

*Historiador, columnista y escritor. Egresado de la Universidad Autónoma de Aguascalientes.


El Hombre de la Luna.

Entre Letras.

El Hombre de la Luna

Por Carlos Alberto Sánchez Villegas

“Sus días, su tiempo lo ocupa en pensar y pensar”

“Sus días, su tiempo lo ocupa en pensar y pensar”

EL ASTRO rey de nuestro sistema solar hacía rebotar sus rayos de luz por todos los confines de los planetas y asteroides que lo rodean. En la mayoría de este enorme espacio reina una tranquilidad y un silencio absoluto, la luz lejana de aquellas estrellas es más perceptible y brillante en el espacio, lástima que en su abrumadora mayoría los seres humanos jamás podremos ser testigos de semejante espectáculo.

EN UNO de esos cuerpos en movimiento alrededor del Sol se encontraba un hombre, para ser más exactos en el satélite terrestre que conocemos como luna, si aquí podemos vislumbrar a nuestro protagonista equipado con su traje espacial y un semblante pensativo. No se sabe qué tipo de nave lo dejó varado en aquel cuerpo celeste, solo se sabe que ya son años de su exilio, de su abandono; aún menos se sabe él porque no ha intentado escapar de aquella soledad. Sus días, su tiempo lo ocupa en pensar y pensar.

EL HOMBRE de la luna es originario de ese planeta que tiene ante sus ojos llamado tierra, pero nadie sabe de qué época y en qué tiempo vivió, para ser más exactos ni él mismo sabe esto, solo sabe que un gran dolor lo envuelve cada vez que fija sus ojos en este planeta y no solo de recordar su pasado sino de ver el futuro que ahoga a sus semejantes humanos, llenos de problemas bélicos, egoísmo y maldad.

LOS PRIMEROS años de su estancia en la luna los dedicó a recorrer palmo a palmo el satélite, terminó por aprenderse cada rincón, cada roca, cada cráter que constituía este cuerpo celeste. Durante este primer tiempo su mente se ocupó en explorar y conocer más sobre su nuevo hogar sin que ningún otro pensamiento invadiera su mente, pero una vez que lo conoció todo, sus pensamientos se fueron fijando cada vez más en su hogar terrestre y en el sufrimiento de humano.

A DIARIO escogía una roca diferente en la cual se sentaba para observar hacía la tierra. Había cosas que le preocupaban de sobremanera, por ejemplo, que el hombre perdiera cada vez más la fe, y no solo el hecho de perder la fe en un Dios, sino en perder la fe en sí mismo, en la propia naturaleza humana, el hombre ya no creía en nada. Los conceptos de libertad, paz, fe, armonía, estaban perdiendo todo su significado. El hombre de la luna que alguna vez había soñado con volver a su hogar ahora prefería pasar toda su eternidad en aquel mundo solitario a volver a un mundo donde se había perdido toda esperanza.

UNA DE las cosas que más indignaban a nuestro protagonista era el hecho de que el ser humano volteara hacía arriba pensando llegar a Marte y a todo el sistema solar cuando su propio planeta estaba casi totalmente destruido, cómo podía ser el hombre tan egoísta con su propio mundo, con su propio hermano. Así es el hombre de la luna presenciaba desde las alturas el destino cada vez más incierto de la raza humana.

ASÍ QUE pensando en esto por años el hombre de la luna decidió pasar el resto de su existencia en soledad en aquel entorno frío que, sin embargo, ofrecía la hermosura de las estrellas y la cercana de los demás cuerpos celestes, una soledad que también ofrecía una especie de paz para el alma, el tiempo había deteriorado su traje espacial, pero no su fe en sí mismo y en aquel grano de esperanza que tenía aún sobre sus hermanos humanos y en la tierra, tal vez si estos un día recuperarán su fe él podría regresar a su hogar.

*Historiador, escritor y columnista. Egresado de la Universidad Autónoma de Aguascalientes.

Memorias y anécdotas de una vida.

Entre Letras.

Memorias y Anécdotas de una Vida

Por Carlos Alberto Sánchez Villegas*

Otoño de Bristol, de Leonid Afremov

Otoño de Bristol, de Leonid Afremov

SENTADO EN la banca de aquel parque el viejo recordaba todos los pasajes de sus 78 años, los largos caminos que recorrió y las decisiones que algún día había tomado. Como una rutina inquebrantable había visitado ese parque cada tarde desde hace cinco años. No tenía mucho que hacer, nadie lo esperaba en su casa, tenía décadas que vivía solo, pero eso fuera de entristecerlo le hacía la vida más sencilla.

 AMABA LA singularidad de las cosas pequeñas, para él cada detalle por más minúsculo que fuera contaba. A diferencia de otros hombres de su edad no había perdido el hábito del sueño, disfrutaba despertar ya entrada la mañana y beber su café con el mediodía, no necesitaba de lentes para leer su periódico diario, ni algún párrafo o verso que se desprendiera de sus libros. Era un hombre pulcro y serio que engañaba a la vejez en muchos aspectos.

 SOBRE SU escritorio se encontraba una pequeña libreta roja donde anotaba los sucesos más importantes de sus días o algún recuerdo suelto de sus memorias, nunca cultivó la poesía o el verso, aunque disfrutaba mucho leerlos, no, para él todo se limitaba a sus memorias y vivencias, dejaba la belleza de las letras para otra persona con más sentido de la estética. Era un hombre de extraordinaria, lo único que lamentaba era que con su muerte algún día todo se perdería.

 CUANDO EL sol comenzaba a caer tomaba su sombrero y su reloj de mano y se dirigía a la calle, a unas cinco cuadras se encontraba ese parque público que tanto visitaba, siempre el mismo camino, siempre la misma banca alejada de las demás, incluso de aquellos de su misma edad que también frecuentaban y se reunían en el parque por las mismas horas. Prefería el ruido de la soledad, la complejidad de la naturaleza. En su juventud siempre fue juzgado por sus acciones, nunca fue entendido por aquellos que más quería, sus padres y sus hermanos, por eso a esta edad prefería estar solo y estar rodeado tan solo de aquello que no podía juzgarlo.

 TODO LO anterior tampoco convertía a nuestro personaje en un ermitaño ni en un ser antisocial. En ocasiones nuestro amigo recibía visitas en aquel jardín, en su mayoría jóvenes y niños a los que les causaba cierta curiosidad por su seriedad, tal vez en su interior sentían algún pesar como el viejo lo sintió de joven, de cualquier manera, él les regalaba lo único que tenía a su alcance, trozos de su memoria.

 EN ESTAS pláticas y conversaciones aquel viejo encontró una pequeña manera de que sus historias y anécdotas vivieran mediante otras personas. Personas llenas de malas decisiones, personas que se sentían solas encontraban algo de paz en aquellas historias, sobre todo, hallaban una especie de consuelo e identificación. Eso llenaba sus días, su existencia, o lo que quedaba de ella.

 DÍA TRAS día las tardes de pláticas se sucedían, cada noche regresaba a su casa agotado pero satisfecho de poder transmitir todo aquello que vivió al final del día solo lo esperaba su taza de café y alguna que otra lectura pasajera y la sensación de que en cualquier momento podía partir sin el miedo de quedar enterrado por el olvido.

 *Historiador, escritor y columnista. Egresado de la Universidad Autónoma de Aguascalientes.

Publicación en Página 24:

http://pagina24.com.mx/2017/10/22/columnas/entre-letras-23/

El Largo Viaje del Petirrojo.

Entre Letras.

El Largo Viaje del Petirrojo

Por Carlos Alberto Sánchez Villegas

Petirrojo y castaño de indias II, de Charlotte Adde

Petirrojo y castaño de indias II, de Charlotte Adde

EL DÍA estaba llegando a su apogeo mientras el viento mecía las ramas de aquellos grandes castaños y robles. El silencio daba una tranquilidad especial a aquel pequeño lugar apartado donde el hombre nunca imponía su presencia. Las nubes se desplazaban con gran velocidad en ellas se alcanzaba a ver una cierta oscuridad que presagiaba la llegada del agua.

EN UN RIACHUELO cercano y rodeado de grandes árboles, un petirrojo se afanaba en beber un poco de agua, estaba cansado de tanto volar, de tanto buscar, aunque lo que más le preocupaba era esa búsqueda sin sentido, sin saber a ciencia cierta qué es lo que esperaba descubrir.

NO RECORDABA cuánto tiempo había surcado entre las nubes, sólo tenía presente que habían pasado muchos días y noches desde que abandonó el nido de sus padres, y en ese momento es cuando volvía a surgir la misma pregunta que inundaba su corazón; había salido en busca de algo, lo había abandonado todo, pero aún no sabía de qué se trataba.

EN SU VIAJE había descubierto cosas increíbles. En alguna ocasión al volar bajo pudo observar un gigantesco monstruo que se abría paso en medio del bosque, parecía una larga serpiente y de sus fauces arrojaba una gran cantidad de humo, ese estruendo siempre iba a resonar en su cabeza toda su vida. En otro momento visitó aquel gran lugar donde habitaba el llamado ser humano, no tardó mucho en agotarse de ver tanto ajetreo y movimiento, prefería por mucho la calma de los bosques y campos.

MIENTRAS MEDITABA en esto se posó en la rama de un viejo roble, estaba agotado, pero además había visto caer las primeras gotas de lluvia, en un momento de su viaje había intentado atravesar una densa tormenta, pero su búsqueda y su vida casi terminaban en ese instante, por eso decidió en esta ocasión descansar un rato y aguardar el término de la precipitación. Pasó casi toda la tarde sin que se detuviera la lluvia, pero antes del atardecer al fin dejó de caer agua; la pradera y vegetación estaban llenas de brisa, el petirrojo pensó en continuar su trayecto, pero se percató de que la noche estaba a punto de hacer su arribo.

LA NOCHE era algo que imponía respeto y temor a su ser, cuando volaba en medio de la oscuridad podía percibir a todas esas criaturas que deambulaban a la espera de su presa, pero a la vez cuando descansaba en alguna rama en medio de la noche sentía la protección y la maravilla de las estrellas. Ahora lo único que importaba era dormir un poco, descansar algo antes de partir nuevamente en la mañana. El cansancio poco a poco fue haciendo efecto, nuestra querida ave cayó en un profundo sueño.

A LA LLEGADA del día, la brisa lo seguía cubriendo todo, era una mañana despejada con muy pocas nubes en el horizonte, nuestro amigo emprendió el vuelo buscando aquello que aún no conocía. Los días de intensa lluvia habían llenado de verde todos los campos, además los ríos corrían con más intensidad. De todos estos cambios el petirrojo se había dado cuenta, también había notado que cada día crecía más, ya no era el mismo pequeño que había estado en ese nido junto a sus padres; ahora recorría el mundo por sí mismo, todo se encontraba bajo sus alas, podía ir a cualquier lugar que él quisiera.

TODO ESTE largo viaje lo había ayudado a conocerse a sí mismo, conocer todo aquello de lo que es capaz de hacer, de hasta dónde puede volar, y descubrió que el límite tan sólo lo imponía él mismo. Bajó cuando era mediodía a buscar algún alimento, en el suelo, bajo las cortezas de los árboles y bajo la sombra descubrió que había más como él y otras aves de distintos colores y tipos, no todas eran tan amables como esperaba, pero así tuvo más conocimiento de todo lo que le rodeaba.

OTRO RECUERDO grato de esta larga odisea eran los atardeceres. Muchas ocasiones se descubría observando cómo la luz iba cambiando su tonalidad a su alrededor, todo el horizonte reflejaba un color dorado, y ésta era su hora preferida para mantener su vuelo. Después al caer la noche su atención se centraba en encontrar algún lugar para descansar, esto bajo el brillo temprano de las constelaciones que siempre parecían proteger su actuar.

LOS DÍAS y las semanas iban pasando y él aún no descubría aquello que anhelaba tanto, la desesperación apareció en sus alas y se traducía en un batir cada vez más rápido. Cómo podía simplemente conocer y saber tanto sin encontrarse con todo lo que quería.

CADA DÍA que pasaba se detenía a pensar en esta situación. Sus lugares favoritos eran aquellos apartados y solitarios donde ni el viento podía interrumpir sus reflexiones. Uno de esos tantos días un humo que ascendía a los cielos llamó su atención; se posó en una rama cercana y descubrió la cabaña de un hombre solitario, éste parecía ser muy viejo ya que se desplazaba con mucha dificultad, aquel viejo sostenía una canción e interpretaba canciones agradables a la naturaleza. En ese momento el petirrojo entendió al ritmo de las melodías que su búsqueda había hecho efecto mucho tiempo antes, el tiempo le había dado sabiduría y conocimiento del mundo, y eso es todo lo que su ser había buscado desde el principio.

Enlace en Página 24:

http://pagina24.com.mx/2017/09/17/columnas/entre-letras-21/

Gus y las Estrellas.

Entre Letras.

Gus y las Estrellas

Por Carlos Alberto Sánchez Villegas *

“Aquellas constelaciones, aquellos astros, por siglos han dado consuelo y acompañamiento al hombre, por qué no poder tocarlas o viajar hasta ellas”

“Aquellas constelaciones, aquellos astros, por siglos han dado consuelo y acompañamiento al hombre, por qué no poder tocarlas o viajar hasta ellas”

“La luna se puede tomar a cucharadas
o como una cápsula cada dos horas.
Es buena como hipnótico y sedante.”
Jaime Sabines

EN UNA noche llena de estrellas el pequeño niño miraba con dirección a la luna, observaba la luz penetrante del ancestral satélite de la tierra. Ya era casi media noche, una hora inusual para que un niño estuviera fuera de la cama, pero eso a él no le importaba, él sólo pensaba en constelaciones y astros.

DESDE QUE tenía uso de razón, Gus siempre sintió fascinación por el cielo y las estrellas, cuando en la escuela mencionaron lo que era un astronauta se dijo así mismo que eso sería de grande. Conforme sus padres discutían cada vez más, Gus lamentaba no poder crecer lo suficientemente rápido para poder cumplir su objetivo de ser astronauta.

AQUELLAS CONSTELACIONES, aquellos astros, por siglos han dado consuelo y acompañamiento al hombre, por qué no poder tocarlas o viajar hasta ellas. Cada noche estos pensamientos inundaban la mente de Gus, no le importaba lo que ocurriera a su alrededor, él tenía el consuelo de su cielo estrellado al que podía viajar al menos en su imaginación en cualquier oportunidad.

UNA DE tantas noches al asomarse por su ventana, Gus vio algo que no podía creer, en el patio de su casa había un hombre con traje de astronauta que saludaba con dirección a su ventana, más que miedo el niño fue presa de una enorme curiosidad por lo que rápidamente bajó de su casa quedando frente a aquel misterioso individuo. Resultaba que el hombre del traje se llamaba Max y venía por el pequeño para explorar en aquel preciso momento la superficie de la luna.

A DIFERENCIA de lo que podríamos pensar el viaje no sería en cohete, sino que Max había atado una enorme cuerda en algún punto de la luna y el otro extremo colgaba justo de su mano cuando se la mostró a Gus. El ascenso fue rápido el niño ya portaba su traje espacial y poco a poco sentía el vacío del espacio que a la vez lo inundaba todo, su corazón latía con cada vez más fuerza debido a la emoción de cumplir un sueño tan pronto.

AL LLEGAR ambos a la luna no se sentía ningún tipo de cansancio; al posar su vista hacia la tierra, el niño pudo percatarse de la belleza de ésta, por otro lado, la cercanía del espacio era algo increíble, las estrellas se sentían al alcance de la mano, sólo en aquel momento Gus pudo olvidar todos los problemas que había en su casa.

LA SUPERFICIE de plata de la luna era algo maravilloso, el suelo lunar era muy suave al tacto, además uno podía dar grandes saltos y recorrer grandes distancias al mismo tiempo. Se puede decir que esa noche fue algo espectacular para el pequeño con Max compartió la merienda y juntos recorrieron gran parte del satélite de la tierra. El traje espacial era algo que le encantaba al niño, nunca pensó que podría usar uno antes de crecer.

PERO TODO lo que comienza tiene que terminar, y a la noche siempre le sigue un amanecer, antes de que éste llegara Max se despidió de Gus agradeciéndole su compañía y los recorridos que dieron juntos, el pequeño preguntó si regresaría aquella noche, pero el hombre espacial sólo contestó que eso no podía saberlo. A los primeros rayos de la mañana los dos estaban pisando el suelo de la tierra bajando de aquella delgada cuerda, al entrar el niño en su habitación volteó al exterior y sólo vio una cuerda colgando del cielo a la tierra, eso fue lo último que vio antes de quedarse dormido.

AL DESPERTAR sentía hambre por la luz del exterior se dio cuenta que ya era más de mediodía, al bajar a la cocina ésta estaba vacía sólo quedaban las tazas de café que sus padres habían usado en la mañana. Se preguntaba a sí mismo si todo había sido tan sólo un sueño, uno muy real, Gus esperó con ansias la llegada de la noche, pero cuando ésta llegó y miró hacia las estrellas no había nada particularmente extraño por lo que decidió irse a la cama, antes de apartarse de la ventana miró hacia el patio para distinguir entre la luz de las estrellas una delgada cuerda.

* Historiador, escritor y fotógrafo, egresado de la Universidad Autónoma de Aguascalientes.

http://pagina24.com.mx/2017/08/15/columnas/entre-letras-19/

 

Una lluvia compartida.

Una lluvia compartida.

Por: Carlos Alberto Sánchez Villegas *

En un tiempo de lluvias y nubes oscuras ella tomo mi mano, recuerdo bien que los vientos fríos tocaban con caricias invernales las hojas de los árboles, a mi mente viene la imagen de sus mejillas expuestas a aquel ambiente gélido y la brisa que se desprendía de sus labios al sonreír.

     Dentro de la casa un aroma de café impregnaba todas las cavidades de las habitaciones. Un café para dos, pensaba él para sus adentros, una taza para compartir sueños y esperanzas, en verdad podría faltar cualquier cosa menos esa bebida que compartía con ella cada tarde.

_DSC4469-01

     Él se dedicaba a capturar ideas en forma de letras. Tantas notas y borradores que había sobre su tenían el nombre de aquella mujer de ojos cafés, la verdad es que todo tenía sabor a ella y su fragancia abarcaba todo el conjunto de su ser.

     Mientras pensaba esto en aquel jardín húmedo ella sujetaba con más fuerza su mano, aquellas manos pequeñas de ella, suaves al tacto que trasmiten magia al instante. Del tocadiscos llegan las notas de las canciones de Creedence, que al él tanto le gustan, la música se eleva junto con el vapor del café por todo lo alto del cielo. La melodía fue cambiando poco a poco para darle espacio a Def Leppard y a un beso de sus labios.

     Tal vez lo que significa una buena juntos no son las grandes demostraciones de amor ni las cursilerías, tan solo es disfrutar juntos de las pequeñas cosas, de las sinfonías cotidianas que la vida trae, el secreto está en eso, en una sola mirada de ambos con destino a la lluvia.

     Ojalá esos días de nubes oscuras nunca terminen, los días de detalles compartidos son mejores así. Las letras y las ideas fluyen de una mejor manera, ese sentimiento llamado amor se manifiesta de todas las maneras posibles en cada rincón, en cada caricia, en cada verso que se desprende del tintero.

     El clima se endureció, ahora la tormenta se observaba desde la ventana, el tiempo corría lentamente entre platicas y más café, las melodías fueron cambiando también dando lugar a la voz de John Lennon. El día le dio paso a la noche, los ruidos de la oscuridad fueron inundando la atmósfera. Nuestros protagonistas se fueron perdiendo también entre sombras, aguardando un nuevo amanecer lleno de la brisa de nuevos ideales en conjunto.

  • Historiador, escritor y columnista. Egresado de la Universidad Autónoma de Aguascalientes.

 

Letras para el sosiego de un alma.

Por: Carlos Alberto Sánchez Villegas*

El viento sopla, a través de aquella ventana golpeada por la lluvia; se ve aquel gran roble que custodia una pequeña colina frente a su cabaña. Dentro de ella aquel hombre toma de su taza de café y recuerda, solo recuerda, un pasado llenó de escenas, lleno de amor. Ahora solo existe el presente uno sombrío donde la lluvia se hace presente cada uno de sus días.

25131395656_bbe9b7e677_o

     A diario las letras se agolpan en su cabeza, cada tarde se sienta en su pequeño escritorio para sacar todo aquello que su corazón dicta, ya sea con tristeza o con jubilo. La noche se acerca y lo único que sustituye en ocasiones el buen café es el sabor de una buena cerveza oscura. Así son todos los días de este solitario personaje, días que transcurren entre letras y versos, entre lluvia y naturaleza.

     Algunas tardes el espectáculo de la lluvia se deja ver no solo por la ventana, sino también sentado en la vieja silla que él mismo construyó, así todo el panorama es mejor. Se acuerda de aquellas historias robadas, de todo lo que su abuelo le platicaba en aquel mismo lugar, historias de hombres en tiempos ancestrales, de grandes hazañas, de grandes lugares.

     En ocasiones cuando se encontraba en su cama recordaba todas esas palabras y anécdotas, se preguntaba como el hombre se podía complicar tanto la existencia en luchas interminables que no llevaban a ningún lugar; porque simplemente no se podía disfrutar lo sencillo de la vida. Pero que más da, él solo es un hombre solitario de esos que disfrutan la belleza de lo más pequeño y el misterio que se esconde detrás de esto, nunca cambiará esto por más que sea criticado.

     En la sencillez de sus letras no hay grandes enigmas ni la belleza profunda de los grandes autores, solo hay la sencillez de un alma en pena que va buscando belleza donde otros no pueden encontrarla. Tal vez por esta razón nunca buscó publicar algunos de sus textos y se los reservó para sus noches de insomnio, eso era lo mejor para él y para su soledad; al final de cuentas nadie podría comprender lo que de su ser se desprendía, al menos, eso se decía a si mismo.

     Así es querido lector lo más bello se puede encontrar en muchas ocasiones en lo más sencillo que la vida nos da, y en las cosas comunes. Cuando aprendes a valorar esto las puertas de la comprensión del mundo se abren para darte camino a lo hermoso que pueden ser las letras aunque no estén escritas para grandes cosas, aunque simplemente sean para el sosiego de tu propia alma.

  • Historiador, escritor y columnista, egresado de la Universidad Autónoma de Aguascalientes.

 

 

Crónica de un hospital.

Por: Carlos Alberto Sánchez Villegas*

“La soledad y la tristeza son el pan de cada día”.

Llueve sobre aquella ventana, los relámpagos dejan sentir su pesado estruendo; solo el alma solitaria entiende la belleza de aquel espectáculo. Para alguien que lleva días en el hospital aquel panorama es sorprendente, cargado de recuerdos, como aquel día que la llevo a su casa n su motocicleta mientras llovía. Al mismo tiempo que esto cruza por su mente afuera el agua cae con más intensidad.

doctors-hospital-design-facebookJumbo (1)

     En el exterior el mundo gira y transcurre en total normalidad olvidándose de todos aquellos que por alguna razón pasan sus días en las camas de un hospital. Graves o no, hay una tristeza que va envolviendo todo, tanto a pacientes como a familiares. A decir verdad, hay otros sentimientos que se entremezclan junto con la tristeza, como la angustia, desesperación, abandono; si uno quiere encontrarse con todo esto basta con asomarse a la habitación de un nosocomio.

     Mientras pienso en todo esto aguardó la visita de ella, es de las únicas cosas que me dan consuelo junto con mi familia. Su plática y sus hermosos ojos hacen perfecta armonía, dan alegría a estos días de estaría sombría.

     He tenido que cambiar mi habitual taza de café por vasos de agua y té, eso no tiene nada de divertido, pero todo sea por el bienestar de uno. Las horas en cama solitarias, le dan a uno muchas cosas que pensar, sobre la vida misma y sobre el olvido en que la sociedad tiene a todos aquellos enfermos, en fin, creó que no tomar café me hace delirar demasiado.

      Hay cosas que lo unen a uno a otros seres humanos, accidentes también como en mi caso que dejó una tibia rota y más de una semana hospitalizado, pero definitivamente tengo como una gran ganancia que todo esto me ha unido más a ella, discutimos de cualquier cosa, pero ese es el sentido de estar con alguien, disfrutar hasta las riñas.

     La estaría en un lugar así es difícil, aunque uno no este grave la muerte asecha siempre en los alrededores y la pena lo embarga a uno de ver a otros en situaciones más críticas, al menos yo tengo el privilegio de estar junto a una ventana. Las agujas son el pan de cada día, piquetes por aquí y por allá, ya hasta estoy superando mi pánico a las inyecciones, tengo que hacerlo hay otros que la están pasando peor.

      En fin, el día de mi operación se acerca, el nerviosismo no es tanto, solo tal vez un poco de miedo a la anestesia, pero en general es una intervención de carácter sencillo, porqué se me ocurrió esto querido lector, tal vez sea por la soledad que se siente en este tipo de lugares, una estancia que pocas veces tenemos oportunidad de vivir. Ahora solo pido por todos aquellos que tienen que pasar días en un nosocomio, por su recuperación y para que no tengan una estancia prolongada.

*Historiador, escritor y columnista, egresado de la Universidad Autónoma de Aguascalientes.